9:00 | Author: AMCYL

Amnistía Internacional nos presenta en este video el caso de una mujer peruana, Maria Luz, una india quechua que se queda embarazada. No tiene dinero y no puede cubrir los gastos - y multas- que conlleva el parto y el tratamiento de la niña que nace prematuramente y, finalmente, muere.

Su caso, lamentablemente no es único.Hay muchas mujeres que tienen hijos con tremendas dificultades médicas y que no pueden pagar los gastos de los tratamientos que necesitan. Son pobres y, por tanto, víctimas potenciales de enfermedades, explotación y mortandad infantil. La pobreza no es una enfermedad pero se convierte en un mal que aqueja a mucha gente en todos los países y que termina generando enfermedades y otros males.

He visto en México y en otros países a muchas mujeres como la de esta historia, vendiendo caramelos, flores, pañuelos de papel, o simplemente pidiendo limosna por la calle, durmiendo en la calle; casi siempre con niños pequeños, nunca con un hombre.

El que sintamos pena por estas personas no va a aliviar su pobreza, tampoco el que les compremos lo que están vendiendo. Se trata de un problema mucho más grave que requiere intervenciones de organizaciones internacionales y de gobiernos y que muy difícilmente se dan.



9:00 | Author: AMCYL
El día 12 de diciembre en México se detiene la vida para celebrar a la Virgen de Guadalupe.

Desde días antes, la calzada de Guadalupe, avenida que lleva hasta la entrada de su basílica, está congestionada por los grupos que llegan en peregrinación desde todas partes del país, portando flores, velas y ofreciendo sus sacrificios a la Virgen bien en agradecimiento por algún favor recibido o bien para pedir un nuevo milagro.


La fé mueve montañas y en este caso, mueve masas, ya que la llegada de peregrinos es incesante. En los barrios cercanos al santuario te puedes encontrar campamentos improvisados donde los peregrinos pasan la noche a la espera de entrar a ver a la Virgen. Hay servicios especiales de atención para toda esta gente, ofreciendo desde café y comida hasta atención médica de emergencia para los que la requieran.


La noche del 11 de diciembre se llevan a cabo las "mañanitas". Numerosos cantantes se disputan la posibilidad de cantarle a la Virgen en una velada que arranca a la media noche y con la que se le homenajea. La transmisión nacional de esta serenata permite a los que no han podido viajar a México ver a sus artistas favoritos cantarle a la Virgen. Hay un amplísimo repertorio de mañanitas "guadalupanas" y cada año se amplia el repertorio.


Este año pude estar el 12 de diciembre en la basílica, aunque mi interés era el de ver a los grupos de "danzantes" que acuden también a este homenaje.

Los danzantes son grupos de personas de todas partes del país que se visten con atuendos de inspiración prehispánica y que bailan al ritmo de tambores, flautas y sonajeros, danzas indígenas.
Ese día hay muchos grupos repartidos por toda la plaza alrededor de la Basílica y los grupos se van alternando en sus bailes, lo que resulta muy colorido. Bailan por horas y horas, casi incansablemente, en homenaje a la Virgen.

No sé si todos los danzantes llegan a ver a la Virgen pero si pude observar que permanecen largas horas en la plaza.
Resulta un poco contradictorio que se homenajee a la Virgen con danzas indígenas, supuestamente paganas. En el centro de los grupos generalmente se colocan ofrendas de copal, frutas, comida y no hay ninguna alusión a la religión católica, aunque tampoco la hay a ninguna otra religión, pero en los trajes se pueden observar alusiones a la muerte y otros elementos como animales y plantas.

Algunos de los grupos interpretan danzas de la época colonial, del tipo "moros y cristianos" y todos llevan sus estandartes identificarse claramente. Puede uno pasar el día entero viendo a estos grupos aunque seguramente terminaría igual de cansado que los danzantes.

9:00 | Author: AMCYL
Los Voladores: Patrimonio Inmaterial de la Humanidad

A finales de septiembre, la UNESCO declaró como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad el ritual de los voladores, así como los lugares de la memoria y tradiciones vivas de los pueblos otomí chichimecas de Tolimán (Querétaro). Con ello, México logra sus primeras inscripciones dentro de la Lista Representativa de ese rubro, aunque ya vcuenta con abundantes inscripciones en las de Patrimonio Material.

Seguramente, ya has visto la ceremonia de los voladores porque es una de las más representadas no solamente en México y en los medios de comunicación, sino también en muchos festivales, parques de atracciones y ferias internacionales. De hecho, creo que en Port Aventura hay un grupo que actúa con bastante regularidad.


La ceremonia ritual de los voladores tiene sus orígenes en época prehispánica. De acuerdo a las evidencias arqueológicas, la danza existe por lo menos desde el año 600 a.C. Durante el periodo virreinal, la ceremonia no sólo se mantuvo en determinadas regiones, sino que también formó parte de las fiestas y celebraciones indígenas integradas al aparato festivo. Modificado con el paso del tiempo, se ha preservado hasta nuestros días.


El ritual de los voladores es practicado por diferentes grupos étnicos de México y Centroamérica; de manera muy especial en la región de Totonacapan (Veracruz), lo que explica que sean ampliamente conocidos como “los voladores de Papantla”. Sólo en Papantla existen unos 600 voladores; en total, han sido identificados 33 grupos registrados, un número indeterminado de voladores no registrados y tres escuelas de niños.

La danza de los voladores está relacionada con la fertilidad, de acuerdo a los principios de la cosmovisión indígena. De acuerdo con la leyenda tradicional, una fuerte sequía había sido causa de estragos entre los totonacas. Un grupo de ancianos re reunió, entonces, con la finalidad de enviar a un grupo de jóvenes a pedir a los dioses que devolvieran la fertilidad a la tierra. Para realizar su ceremonia, éstos localizaron y cortaron el árbol más arto, más recio y más recto del monte. Subieron a lo alto del palo e hicieron sonar la flauta y el tambor. Unos días después, el palo fue derribado. Los voladores reaparecieron en el horizonte, pero al serles imposible el descenso, se perdieron para siempre entre las nubes.

La ceremonia comienza con la preparación física y espiritual de los ejecutantes, con la elaboración de la vestimenta (a veces por los mismos voladores) y el montaje de un altar. Antiguamente, los trajes se hacían con plumas de aves: águilas, buhos, cuervos, guacamayas, quetzales y calandrias. Por su parte, el palo sagrado o tsakáe kiwi (árbol de chicozapote) es buscado, cortado, arrastrado y levantado, pidiendo perdón al bosque. Cinco hombres suben a lo alto del tronco (que puede medir de 18 a 40 metros), atados con cuerdas por los pies y la cintura. Uno de ellos, el caporal, hace sonar sus instrumentos en lo alto, invocando a los cuatro rumbos cardinales. Los danzantes se lanzan, entonces, al vacío, y descienden en círculos alrededor del tronco, imitando el vuelo de los pájaros.



Además de hacer patente el respeto hacia la naturaleza, el ritual posee una fuerte carga de espiritualidad. Por medio de él, quedan integrados el hombre, su medio ambiente y el cosmos. Pero, además de ello, la ceremonia se distingue por promover el trabajo y el bien comunitarios.

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