A veces, las campañas publicitarias se "pasan" un poco en sus planteamientos. Por ejemplo, he visto en internet una campaña de unos supuestos "experimentos" para estudiar las reacciones del público cuando se enfrentan a objetos y personas relativamente más pequeñas que ellos y, en este caso, cuando ven a niños interpretando papeles de adultos.
En este caso, se trata de que los niños simulen estar en un restaurante en el que todo está a su "escala" o de que acudan a un museo como si se tratara de un grupo de turistas adultos. Por cierto, este video termina con una versión "mini" de un grupo de mariachis...Aunque en principio, nos pueda parecer entrañable, la verdad es que los niños están interpretando papeles que no les corresponden y adoptando patrones de consumo que deberían ser solamente para los adultos, en este caso, para vendernos teléfonos de tamaño reducido.
Hace unos días por televisión vi un trozo de la final de un supuesto concurso infantil en la que los niños cantaban y bailaban vestidos de adultos. No tengo nada en contra de los concursos infantiles pero si cuando una niña de seis años sale vestida de folklórica cantando coplas de amores despechados que no se corresponden para nada con su edad. Los padres podrían buscar alguna canción (que no tiene porque ser infantil) más acorde con la edad de su hija y los organizadores del concurso deberían evitar estas presentaciones.
Después de escuchar sus discos y ver algún que otro videoclip, tenía mucho interés por ver a Antonio Orozco, intérprete de "Devuélveme la vida".
Finalmente, se presentó en el Teatro Calderón de Valladolid. Es un buen cantante, y un profesional de la escena. El concierto fue muy bueno, a pesar de alguna gente que confundió el teatro con un estadio y se comportó como si se encontraran en el césped en vez de un recinto cerrado, lanzandose sobre el cantante cuando bajo al patio de butacas, o gritando las canciones y dando saltos por los pasillos.
Ciertamente, Orozco logró emocionar al público, sus canciones, algunas de las cuales no conocía, son muy buenas y los músicos que le acompañan son muy buenos, lo que hace un espectáculo redondo.
Me pareció que tenía un enfoque optimista y positivo en sus canciones y, aunque sufre en algunas por las clásicas decepciones amorosas, no llega a convertirse en algo tan pesado como con otros cantantes. Por el contrario, fue más bien, un concierto movido y alegre del que uno sale sintiéndose bien.
Los peligros de ser una supermodelo son muy serios. Además de tener que sufrir horas y horas de sesiones de maquillaje y peinado, muchas veces, las chicas se tienen que poner ropa que nadie en su sano juicio usaría nunca.
Y no se trata solamente de ponerse las dichosas prendas, sino también, de lucirlas como si se tratase de algo que todo el mundo desearía tener y hacer creer a los pobres mortales que deben correr a la tienda más cercana en busca de esos modelitos.
Otro riesgo es que, con esas prendas, provoquen la risa de quienes supuestamente debían admirarles, como es el caso de esta chica que intenta, valientemente, sobrevivir montada en unos zapatos que hacen prácticamente imposible andar por la pasarela y que serían un verdadero peligro mortal en el caso de que alguien los utilizara para salir a la calle.
Además del ridículo por el que ha pasado la chica, seguramente terminó en la sala de urgencias para curarse las heridas en los tobillos...y en su orgullo.
Hace unas semanas he tenido ocasión de ver "Fedra" en el teatro Calderón. Tenía mucho interés en verla, tanto por la obra en sí como por ver a Ana Belén, a la que nunca había visto en teatro. La había visto en varias de sus películas y en un concierto.
La verdad es que me ha gustado mucho el trabajo que hace en esta obra. Es un papel muy duro porque prácticamente está en escena todo el tiempo y mantiene varios "duelos" verbales y dramáticos con los otros tres protagonistas que son clave para el desarrollo de la obra pero que deben resultar agotadores para la actriz.
Su belleza es impresionante porque aún cuando se supone que no está en su mejor momento, a causa de la depresión que sufre por su amor por Hipólito, se la ve hermosa.
El trabajo que hace Alicia Hermida como Enone, intentando salvar la vida de su señora, a costa de sacrificar a Hipólito es notable. Me sorprendió gratamente Fran Perea, ya que hasta ahora solamente le consideraba "ídolo juvenil" y que, en mi opinión, hace bastante bien su papel, negándose a reconocer que en verdad ama a su madrastra.
La puesta en escena me pareció muy bien, un escenario escueto en el que casi todo lo hace la iluminación.
Me pareció muy interesante el tema del amor que profesa Fedra por su hijastro y cómo pierde la razón por él, más aún cuando él la rechaza. La decisión que toma Fedra a la llegada de su marido, de destrozar a su hijastro para salvarse, es demoledora, como lo es también el que cambie de opinión cuando le ve agonizante y decide confesar que ha mentido a su marido y morir junto al joven.
Amnistía Internacional nos presenta en este video el caso de una mujer peruana, Maria Luz, una india quechua que se queda embarazada. No tiene dinero y no puede cubrir los gastos - y multas- que conlleva el parto y el tratamiento de la niña que nace prematuramente y, finalmente, muere.
Su caso, lamentablemente no es único.Hay muchas mujeres que tienen hijos con tremendas dificultades médicas y que no pueden pagar los gastos de los tratamientos que necesitan. Son pobres y, por tanto, víctimas potenciales de enfermedades, explotación y mortandad infantil. La pobreza no es una enfermedad pero se convierte en un mal que aqueja a mucha gente en todos los países y que termina generando enfermedades y otros males.
He visto en México y en otros países a muchas mujeres como la de esta historia, vendiendo caramelos, flores, pañuelos de papel, o simplemente pidiendo limosna por la calle, durmiendo en la calle; casi siempre con niños pequeños, nunca con un hombre.
El que sintamos pena por estas personas no va a aliviar su pobreza, tampoco el que les compremos lo que están vendiendo. Se trata de un problema mucho más grave que requiere intervenciones de organizaciones internacionales y de gobiernos y que muy difícilmente se dan.
En el Teatro Zorrilla se presentó "La noche de la iguana" de Tennesse Williams. La obra transcurre en Puerto Vallarta, México y la versión cinematográfica es muy conocida.
Si en la versión cinematográfica intervinieron Richard Burton, Ava Gardner, Deborah Kerr, Sue Lyon y Emilio "Indio Fernández", en la versión teatral que he visto, todos los actores eran españoles y el énfasis de la obra se centró en uno de los personajes secundarios por lo conocido que es el actor que lo interpretó, Juan Antonio Quintana, que además es de Valladolid.
De hecho, la obra me pareció un poco larga y aburrida y no se apreció la pasión desbordada que supuestamente, descoloca a los personajes principales. No por ello digo que haya estado mal, porque el trabajo que hacen está bien, especialmente Ana Marzoa (en el papel que en el cine hizo Deborah Kerr). A Tomás Gayo le he visto haciendo de villano en alguna serie de televisión y creo que se le ha quedado ese aire de malo que en la obra en sí más bien debería ser de perdedor.
Un trabajo interesante por otras razones. De Tennessee Williams se han visto otras obras, como "Un tranvía llamado deseo" o "La gata sobre el tejado de zinc caliente", así que es bueno ver otras obras menos representadas.
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